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Contracorriente

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Posted on : 21:34 | By : Pensar... | In : , ,


En todas las sociedades existen un grupo minoritario de individuos cultos y no cultos, generalmente clase media, orientado bajo una filosofía de vida distinta a la imperante por la mayoría. Esta disección entre los puntos de vista crea controversia, tanto en lo cotidiano como en temas más profundos e importantes, y es precisamente esta ruptura la que crea un “equilibrio” favorable para la formación de la conciencia colectiva, pues, este choque de ideas provoca debates, interrogantes, reflexión, a una mayoría ciudadana acostumbrada a recibir “la verdad” en un trozo de papel periódico o de algún analista de la TV con dotes de “todologo”.

Llamémosles contracorriente a todos aquellos que van en dirección opuesta a la masa aplastante, y que teniendo razón o no, han sobrevivido a la censura impuesta o propia, salvaguardando su voz del eco del rumor cotidiano, de las conclusiones ajenas, de “lo que se dice” y lo que verdaderamente él piensa.

Actualmente en República Dominicana hay una crisis de estos personajes. Usted lee, ve y escucha en cualquier medio de comunicación una redundancia asfixiante de juicios totalmente homogéneos sobre un mismo asunto, con el gravamen de las teorías partidistas, en una Prensa Nacional donde lo apolítico es mitología, es necesario buscar nuevas voces, otras firmas que renueven y cuestionen desde otro punto nuestro país hoy, que abandonen esa tendencia patriarcal en sus relaciones con el estado, que renazcan y levanten del fango una opinión pública mediocre, rezagada y tan distanciada de la realidad.

Es necesario para la salud de cualquier nación preguntarse el porqué de sus problemas. Todos sabemos identificarlos, pero es un reto mayor hacer propuestas concretas para resolverlos.

Se necesita gente que nos haga pensar. Urge caminar distinto.

Bajo la Lluvia

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Posted on : 8:35 | By : Pensar... | In : , ,

La tierra seguía absorbiendo la lluvia en sorbos gigantes, mientras el pavimento coqueteaba con sus caricias, despojándose de ese calor que a veces escupe a nosotros. Los unísonos noticiarios asqueaban; el televisor es un animal locuaz, blasfemo como una "cuernera". Cuando la energía eléctrica se marchó, en un Santo Domingo donde los apagones no creen en anuncios de adiós protocolares, "la luz", se despidió haciendo unos "amagues", pestañeando a pasos lentos, como parpados de maniquí recién revivido.

Siempre le tuve miedo al poema bajo la lluvia. Me invadía el impulso de encender velas, quemar todos los papeles, hacer una fogata con mis apuntes y respirar el humo para volverlos a escribir, esta vez con menos cursilerías y más sangre.

No hay nada más ingenuo que un poeta asomado a la ventana un día de lluvia, sometiendo las gotas de agua a la matemáticas de sus nostalgias. Por eso, para un poeta es pecado dormir mientras las nubes se revelan. La lluvia es un recital transparente, un placebo para la neurosis, una película de Bergman hecha agua. Sientes tu espíritu unido a la danza de sus vientos, una conjunción inefable entre soledad y hierba, entre tierra y mar, mientras tu estirpe renace bajo los olmos.

Las despedidas dolorosas son bajo la lluvia. Nadie conoce más eficiente camuflaje para las lágrimas. En los días de sol, dicen, llevamos puesto el traje del protocolo social, un caparazón fuerte, eso que llaman carácter o personalidad. Pero que vulnerables somos cuando cantan los ángeles a ritmo de la percusión en caída libre de las gotas de agua; que vulnerables somos.

Les dejo un poema en honor a la lluvia autoría de uno de mis grandes favoritos.

LLUVIA

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

Federico García Lorca

Historias, Historias, Tú Historia...

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Posted on : 10:57 | By : Pensar... | In : , , , , ,

Al final volvemos al principio. Después de tanto leer, tomar talleres, criticar, debatir, parir ideas, sentirse dios por segundos, decepcionarte rápidamente, compartir con genios, compartir con tontos, pensar que estas a punto de descubrir el secreto, cumplir con la odisea para que el oráculo despierte tu creatividad, y al llegar a la meta, como si por primera vez apretaras el cinturón negro que te acabas de “ganar” los maestros te dicen; no hay secretos, “solo se trata de una historia que contar”. Y parece ser cierto.

Si estas interesado en iniciarte en producción de cine o literatura e imaginas que estas artes son muy complejas y solo pueden ser ejercidas por nerdos, superdotados y artistas con un “toque divino”, y tú eres el/la chic@ que las clases de letras o educación artística le parecían secciones en Guantánamo, o el/la chic@ R (no de rebelde sino de reprobado), te presento a unos señores que han salvado tu sueño, o por lo menos le pegan una bofetada a tu pereza invitándote a crear historias.

Tom Lutz, profesor de escritura creativa en Stanford University, Kenneth Kokin, productor con diez años de experiencia en Hollywood (The Usual Suspects, The Way of the Gun) y Mark Haskell Smith, guionista y catedrático de la Universidad de Nebraska (A Partilha, Playing God), afirmaron ayer en el taller titulado “Escritura creativa: del libro al guión”, celebrado en el 2do Festival de Cine Global Dominicano, “al final solo se trata de contar una buena historia”, como respuesta a todas las preguntas referentes a la forma de hacer guiones de cine, hechas por el público presente.

Entre escritores frustrados, estudiantes de lenguas filosas, poetas y cinéfilos (¿yo?), y uno que otro personaje de esta novela viva llamada República Dominicana, se dieron cita para escuchar consejos y anécdotas basados en la experiencia de estas tres figuras del cine gringo.

“El cine tiene muchos aspectos técnicos y económicos que deben ser considerados a la hora de hacer o adaptar un guión, pero lo que importa al final es hacer una buena historia”, aseguró Kenneth Kokin, quien fue secundado por los dos restantes panelistas, quienes con palabras diferentes llegaron a la misma conclusión.

Aquellas palabras las acoplé a una frase que dijo el escritor Santiago Gamboa en uno de los paneles en que participó en la Feria Internacional del Libro 2008: Uno debe serle fiel a sus personajes, con aquella rigurosidad y coherencia que advertía Hemingway, pues los personajes son las raíces de las historias.

Tal parece que la técnica, que no fue menospreciada en las citas antes mencionadas (como a simple vista puede parecer), sino, colocada por debajo de la práctica creativa de crear ficción, no es más que las distintas formas de forjar, ejecutar y enriquecer una obra artística.


*Nota:
una historia que les regalo para que la trabajen es sobre un bloguer que por aburrimiento nocturno, por ser cómplice de la madrugada, por capricho de su karma, o por quien sabe, escribe lo que vive para revivirlo.

Majestuosa Sencillez

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Posted on : 20:57 | By : Pensar... | In : , ,


La Amante

Esta es mi ventana. En este instante,

con tanta suavidad, he despertado.

Creía estar flotando.

¿Hasta dónde, mi vida?

¿Dónde empieza la noche?


Podría pensar que en torno

Todo es yo todavía;

transparente cual la profundidad

oscurecida, muda, de un cristal.


Podría alcanzar en mí

incluso las estrellas; tan grande me parece

mi corazón; con cuanto gusto

él soltarِía de nuevo


a aquel que yo empecé, quizás, a amar,

y quizá a retener.

Extraño, y como nunca definido,

me mira mi destino.


Por qué será que estoy

bajo esta infinitud,

perfumada cual prado,

movida acá y allá,


llamando, y temerosa al mismo tiempo

de que alguien oiga mi llamada

y sea destinada

a perecer en Otro.

Rainer Maria Rilke

Jean-Marie Gustave Le Clézio; premio Nobel de Literatura 2008

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Posted on : 21:20 | By : Pensar... | In : , , ,


La Academia Sueca ha elegido al francés Le Clézio como ganador del Nobel de literatura. Merecedor del premio Renaudot, el más importante de las letras francesas, ha sido calificado como “el mejor escritor vivo de la Francia de Hoy”.

Han sido traducidos al español sus textos "El Africano" (2007), "Diego y Frida: una gran historia de amor en tiempos de la revolución" (2002), "El pez dorado" (1999), "La cuarentena" (1998), "El atestado" (1994), "Onitsha" (1992), "Desierto" (1991), "Viaje a Rodrigues" (1987), "El buscador de oro" (1987) y "La Guerra" (1972).


Les dejo un fragmento de su obra Urania, disfrútenlo.



Urania


Era la guerra. Aparte de mi abuelo Julien, no había ningún hombre en casa. Mi madre era una mujer de cabellos muy negros, la piel del color del ámbar, unos ojos grandes bordeados de pestañas que parecían un dibujo al carbón. Ella pasaba mucho tiempo al sol, me acuerdo de la piel de sus piernas, brillante sobre las tibias, por las que me gustaba deslizar los dedos.

No teníamos gran cosa que comer. Las noticias que nos llegaban eran muy alarmantes. Sin embargo, conservo de mi madre en aquella época el recuerdo de una mujer alegre y despreocupada, que tocaba melodías en la guitarra y cantaba. Le gustaba leer también, y es de ella de quien he heredado la convicción de que la realidad es un secreto, de que es soñando como se está cerca del mundo.

Mi abuela paterna era muy distinta. Era una mujer del norte, de los alrededores de Compiègne o de Amiens, de un largo linaje de campesinos cerrados y autoritarios. Se llamaba Germaine Bailet, y ese nombre contenía todo lo que ella era, avara, terca, voluntariosa.

Era muy joven cuando se casó con mi abuelo, un hombre de otra época, un ex profesor de geografía que había dimitido para consagrarse al estudio del espiritismo. Se aislaba en su escritorio a fumar cigarrillo tras cigarrillo de tabaco negro, leyendo a Swedenborg. Jamás hablaba de eso. Salvo una vez, cuando al verme leer una novela de Stevenson había dicho en un todo definitivo: "Harías mejor en leer tu Biblia". Su contribución a mi crianza se detuvo allí.

Mi madre tenía un nombre único. Un nombre dulce y ligero, que evocaba su isla, y que se llevaba bien con su risa, sus canciones y su guitarra. Se llamaba Rosalba.

La guerra, es cuando se tiene hambre y frío. ¿Siempre hace más frío mientras duran las guerras? Mi abuela Germaine sostenía que las dos guerras que ella había conocido, la primera, la "Grande", y la otra, la "cochina guerra", habían estado marcadas las dos por veranos tórridos, seguidos de inviernos de espanto. Ella contaba que en el verano de 1914, en su pueblo, las alondras cantaban: "¡Este estío, este estío!" Y no fue hasta el día en que fijaron los carteles con la orden de movilización, a mediados de agosto, que los campesinos comprendieron. Mi abuela no había hablado de pájaros que cantaran en el verano de 1939. Pero contaba que mi padre había partido en medio de una tormenta. Había besado a su mujer y a su hijo, se había alzado el cuello bajo la lluvia, y no había regresado jamás.

En la montaña hacía frío a partir de octubre. Llovía todas las noches. Los arroyos corrían por el centro de las calles, haciendo una música triste. Había cuervos en los campos de papas, mantenían una suerte de reuniones, sus graznidos colmaban el cielo vacío.

Vivíamos en el primer piso de una vieja casa de piedra, a la salida del pueblo. La planta baja estaba compuesta por una gran pieza vacía que antaño había servido de depósito, y cuyas ventanas fueron tapiadas por orden de la Kommandantur.

Es el olor de aquel tiempo lo que yo no puedo olvidar. Una mezcla de humo, de moho, un olor a castañas y a repollos, un algo de frío, de inquietante. La vida pasa, uno corre aventuras, se olvida. Pero el olor permanece, a veces resurge, en el momento en que uno menos lo espera, y con él regresan los recuerdos, la longitud del tiempo de la infancia, del tiempo de la guerra.

La falta de dinero. ¿Cómo la adivina un niño de cuatro, cinco años? Mi abuela Germaine hablaba de eso algunas tardes, mientras yo me dormía a medias sobre mi plato vacío.

"¿Cómo vamos a hacer? Hace falta leche, legumbres, todo cuesta caro". No es dinero lo que falta, sino tiempo. Los medios para no pensar más en el tiempo, para no tener miedo del día que se acaba, del día que recomienza.