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El Séptimo Sello

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Posted on : 19:26 | By : Pensar... | In : , , , ,

Hoy, al final de la "Semana Santa" la tradición Cristiana celebra la Resurrección de Dios/Hombre. Vencer la muerte en la cultura occidental representa complicidad entre lo divino y lo humano, hecho que en última instancia convertiría al hombre en parte de Dios o en Dios mismo. Salvarse de las garras de la muerte por lo tanto es uno de los grandes anhelos de la humanidad en diferentes culturas. La eternidad se nos muestra como el magno ideal teológico, alcanzarlo es elevar la condición humana existencial que a la vez nos daría un origen “divino” y superior al efímero mundo material que responde al ciclo de nacer-morir.

El Séptimo Sello, una excelente película del sueco Ingmar Bergman, representa visualmente problemas relacionados a la Muerte. La película es un viaje al interior del hombre, sus preguntas existenciales, el miedo como motor de la incertidumbre, el sentido propio de vivir ante la fatalidad inminente de la muerte, reflejadas desde la perspectiva de alguien que conoció el alcance destructivo del hombre; un soldado (de las cruzadas en este caso) que como para tantos, luego de la guerra, la Muerte cobra otro sentido. Les invito a leer lo que el propio Bergman escribió sobre los orígenes del Séptimo Sello.

Les invito a leer lo que el propio Bergman escribió sobre los orígenes del Séptimo Sello.


"Se me ocurrió rodar El Séptimo Sello contemplando los motivos tratados en las pinturas de las iglesias medievales: los juglares errantes, la peste, los flagelantes, la Muerte que juega a los dados, las hogueras de embrujadoras y las Cruzadas. Esta película no pretende ser una visión realista de la vida medieval en Suecia. Es un intento de poesía moderna, traduciendo las experiencias de la vida de un hombre moderno, pero formada de una forma muy libre en cuanto se refiere a materias medievales. En mi cinta, el Caballero vuelve de una cruzada, como en nuestros días un soldado vuelve de la guerra.


En la edad media, los hombres vivían bajo el terror de la peste. Hoy viven bajo el terror de la bomba atómica. El Séptimo Sello es una alegoría cuyo tema es muy sencillo: el hombre, en búsqueda de Dios, con la Muerte como única certidumbre.

Cuando era niño, a veces iba con mi padre en sus desplazamientos, si tenía que predicar en las pequeñas iglesias rurales de los suburbios de Estocolmo. Estos viajes eran para mí como una fiesta, emprendidos en bicicleta a través de un paisaje primaveral. Mi padre me enseñaba el nombre de las flores, de los árboles y de los pájaros. Pasábamos el día juntos, sin la intervención inoportuna de la vida trepidante.

Para un muchacho como yo, la predicación era asunto para las personas mayores. Mientras mi padre hablaba desde el pulpito y los fieles oraban, cantaban o escuchaban, yo concentraba mi atención sobre el mundo secreto de las iglesias, hecho de bóvedas bajas, de muros espesos, de aroma de eternidad, de luz solar coloreada que se estremecía, sobre la extraña vegetación de las pinturas medievales y las figuras esculpidas en el techo y en los muros.

Había allí todo cuanto la fantasía puede desear: ángeles, santos, dragones, profetas, demonios, niños. Había también animales horriblemente espantosos: serpientes del paraíso, el burro de Balaán, la ballena de Jonás, el águila del apocalipsis.


Todo esto estaba rodeado de un paisaje celestial, terrestre y submarino, de una extraña belleza y, sin embargo, muy conocida.



En un bosque, la Muerte estaba sentada y jugaba a los dados con el caballero. Una criatura desnuda, de ojos desencajados, se aferraba a un árbol, mientras en el suelo, en tierra, la Muerte aserraba el árbol, con todas sus fuerzas.

En lo alto de las colinas de laderas suaves, la Muerte conducía la danza final hacia el país de las tinieblas.Pero en la otra bóveda, la Santa Virgen caminaba por un jardín de rosas, llevando de la mano al Niño, y sus dedos eran semejantes a los de una campesina y su rostro era grave y alrededor de su cabeza revoloteaban las alas de los pajarillos.

Los pintores de la Edad Media habían expresado todo esto con una gran sensibilidad, con una gran habilidad artística y una gran alegría. Todo esto hirió mi espíritu de una forma inmediata y atractiva, y este fondo se hizo para mi tan real como el de todos los días, junto con mi padre, mi madre y mis hermanos y hermanas.

Por el contrario, me debatía contra el sombrío drama que presentía y que tenía como lugar el cuadro de la Crucifixión que había en el coro de la iglesia. Mi espíritu permanecía asombrado ante esa crueldad extrema y ese extremo sufrimiento. Solo mas tarde, la fe y la duda se convirtieron en mis fieles compañeras.

Mi finalidad no ha sido otra que pintar como el pintor medieval, con el mismo compromiso objetivo, con la misma sensibilidad y con idéntico gozo. Mis personajes ríen, lloran, gritan, tienen miedo, hablan, responden, juegan, sufren, preguntan. La peste les aterroriza, como también el Día Supremo, y cuyo nombre es Absinta.

Nuestro terror es de otro género, pero las palabras son las mismas.

Nuestra pregunta sigue en pie.


* Este texto ha sido reproducido del libro de Jacques Siclier, titulado "Ingmar Bergman", quien a su vez lo tomó de la página cinematografica de "ARTS" núm. 667, 23 de abril de 1958.

Si a usted tambien le hace falta una costilla... no se preocupe

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Posted on : 21:26 | By : Pensar... | In : , , ,

“LOS 101 MITOS DE LA BIBLIA” de Gary Greenberg es una de las fuentes bibliográficas más contundentes sobre la demostración de que las religiones judeo-cristianas no son más que convergencias de diferentes creencias del folclore antiguo de Mesopotamia (hoy Irak), Egipto, y Persia (Irán).

No soy ateo. Creo en algo sin nombre, sin rostro, algo de donde deviene la vida, pero como diría un sabio alguna vez “si dios existe está muy ocupado para meterse en mis asuntos”, no refiriéndose a dios como la energía que otorga el soplo de vida al universo, sino, al dios que parece siempre un cómplice y contertulio de los hombres, un dios que se parece tanto a nosotros… que es igual de imperfecto.
He aquí uno de los mitos más interesantes del libro.

El Mito: Hizo pues, el Señor Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido, tomó una de sus costillas, y cerró en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó el Señor Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada». Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adhe­rirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne (Gn. 2,21-24).

La Realidad: La narración del nacimiento de Eva integra la narración egipcia de la separación de los cielos y la tierra con partes del mito sumerio de Enki y Ninhursag.
El personaje de Eva se inspira en varios mitos, tanto egipcios como sumerios. Según el Génesis, Dios creó a Eva de la costilla de Adán. Como resultado de esta relación, Dios instauró la idea del matrimonio.

Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne. (Gn 2, 21-24)

En principio, a la mujer de Adán se la conocía sólo como «la varona», porque «del varón ha sido tomada». No fue hasta después de que ella y su marido fueran expulsados del Jardín del Edén que recibió el nombre de Eva. Al darle ese nombre, Adán dijo que era «por ser la madre de todos los seres vivientes».

En el Mito 17 vimos que Adán y Eva se correspondían con las divini­dades egipcias Geb (la tierra) y Nut (el cielo). Según el «Texto de los Sarcófagos 80», Atum dijo que creó a Nut para que «estuviera por encima de mi cabeza y Geb se pudiera casar con ella». En otras palabras, los egip­cios veían la unión de la tierra y el cielo como la base del matrimonio, y este principio se traslada al Génesis con Adán y Eva.

Mientras que Adán se convirtió en el único padre de Eva, igual que Atum (el Creador heliopolitano) se convirtió en el único padre de sus hijos, la idea de que Eva salió de la costilla de Adán se deriva de un juego de palabras en sumerio antiguo, el lenguaje literario más antiguo de Mesopotamia. Se origina con el mito sumerio de Enki y Ninhursag (véase Mito 22).
En ese mito, Enki padece de ocho dolores, uno de los cuales está en la costilla.

«Hermano mío, ¿qué os duele? «La costilla».

El nombre de la divinidad que curó la costilla de Enki era Ninti, un nombre que en sumerio tiene un doble significado. La primera parte, «Nin», significa «la dama de», pero la segunda parte «ti», puede significar tanto «costilla» como «hacer vivir». Por lo tanto, Ninti significa tanto «la dama de la costilla» como «la dama que hace la vida».

También Eva combina ambos títulos. Verdaderamente es la «dama de la costilla», ya que provino de la costilla. Y, tal y como indica su primer títu­lo, ella es la «dama que hace la vida».